Para que los fondos verdaderamente impacten en el aprendizaje, es importante tomar en cuenta estos pilares:
- Priorizar desde el plan institucional: los recursos deben dirigirse a las necesidades detectadas en el diagnóstico escolar; por ejemplo, si una prioridad pedagógica es la comprensión lectora, se debe invertir en la compra de acervos de la biblioteca o materiales didácticos que contribuyan a ello.
- Gestión participativa: la toma de decisiones debe involucrar a todo el equipo en su conjunto. Esto permite que la comunidad (docentes y padres de familia) valide las prioridades, con lo cual se corresponsabiliza y se evitan las desconfianzas.
- Rendición de cuentas: publicar informes periódicos sobre el origen y destino de los recursos, no solo por la obligación legal, sino para generar confianza y que la comunidad siga aportando o buscando apoyos.
- Cultura de la prevención en relación con el mantenimiento: la gestión eficiente busca que los recursos rindan a largo plazo. Invertir en el mantenimiento preventivo de la infraestructura y el equipo es más económico que la reposición de materiales.
Consejo: elabora un cuadro comparativo entre el gasto operativo (luz, papelería, limpieza, etc.) y el gasto de inversión pedagógica (capacitación docente, laboratorios, libros, etc.) y visualiza dónde debe estar el mayor peso estratégico.